Monólogo de un Adicto

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Damián nace el seis de junio a la seis de la tarde, pobre, sin ser deseado y por su madre odiado. Su mundo mide 8’x5′ y su vida una lata de maíz, su hobby era robarle a su madre lo que tenía para sus venas y comprar comida para sobrevivir. Ese es su gran mundo. Buenas tardes a todos, ese era yo, esos tiempos no volverán. Disculpen mi apariencia, no se asusten no les voy a robar. Soy un trabajador de luces, mi vida, bueno si así se le puede llamar, para mí es la pesadilla eterna. Ojos vivos, mente muerta. Las noches eternas, el ruido de los automóviles no me dejan descansar, si llueve el puente se moja y el cartón se vuelve frío. Siempre oigo voces que me dicen “abre los ojos y ven conmigo” los muertos me llaman, vivo en pesadilla, ya el de abajo tiró mis cartas y el jinete lo llevo detrás de mis orejas. Horas interminables, el tiempo para mí ya no existe, un minuto o una hora me vale por igual. Noches, día, sol, luna, alegría y paz ya no existen en mi vocabulario. Vivo del alfabeto de la muerte y me sostiene la maldita droga, sinceramente solo ella me da felicidad. Sentimientos, todavía me quedan, yo amo la droga y la droga me ama a mí, en realidad no me quedan muchos sentimientos, amor, solo a Dios, odio, a mí mismo. Influencias, el mundo artificial. Esto no era como yo me esperaba. Yo pensaba en sonreír aunque fuera en un solo instante, ahora solo sonrío al cosquilleo que produce la mezcla al correr por mis venas. Laberinto eterno ven por mí que ya no puedo. Valores, para mí un solo centavo lleva un gran valor y mi fe está puesta en un pedazo de aluminio y fuego. Mis vivencias son muchas, sueños, algunos y la realidad, la soledad que me lleva al punto. Soy un alma solitaria que solo lleva su crucifijo por eso de cumplir con él y la señal de la cruz por su amor. Le hablo y no me responde. Soy alma a la que nadie quiere y todos ignoran sin saber que a cualquiera le toca. El destino uno no lo crea solo lo escoge y fui yo el que escogió esto. La muerte, sé que me busca y yo la busco a ella. Pensamientos de muerte, mi enemiga y amiga a la vez, pero solo ella será mi salvación. Vivo en sombras, tras el peligro y el misterio. Aquí, donde se desea la muerte para que el cuerpo descanse en paz. Condenado a morir y solo me resta esperar. Escogí la felicidad fácil y ahora me doy cuenta que todo esto es irreal. Que me juzgue Dios y no ustedes. Pónganse en mis zapatos y verán que este es mi infierno. Las luces no son fáciles, tras la sombra se esconde lo bueno y son pocos los que me miran a los ojos. Me juzgan, se ríen, me gritan y escupen y a veces mencionan a mi madre sin ella tener que ver en esto. Yo callado recojo las monedas que me lanzan, porque son ellos los que me mantienen con vida. Descifrando el acertijo de la vida se llega a la muerte. Que Dios me perdone y limpie mis pies, porque ya no quiero seguir aquí. Padre nuestro que estás en el cie… (Se oye una detonación y sangre mezclada con sesos salpica por todo el suelo) Ahora veo la luz en el túnel, logré salir del laberinto, resolví el acertijo. Ya las venas no me queman y Dios me habla: “No juzguen al prójimo y denle la mano, porque la gloria del señor es de todos, solo búsquenme y llegarán al cielo, sin bien ni mal, solo gozo eterno” esas fueron sus palabras, las que me hicieron meditar y llorar. De nuevo caigo al suelo con sangre en mis manos y pies, me duele el costado, me sangra la frente y me escupen. Abro los ojos y no sé dónde estoy, el sueño, mi crucificación para limpiar mis pecados. ¿Por qué sigo aquí? Si yo hice mal. Nadie es perfecto y a veces Dios también se equivoca. Pero Él nos ama y limpió nuestros pecados. Líbranos del pecado y sálvame de la tentación, porque soy débil, pero estoy aquí. Mi vida fue mi infierno y castigo por haber juzgado a mi madre y enviarla al cielo. Vida, muerte, cielo, sol, infierno y paz. Toda una vida llena de arrepentimientos. Pero ahora estoy aquí. ¿Y tú dónde estarás?

© Oswar Nieves

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